martes, 27 de junio de 2017

Recordando al Dr. Gerineldo Pérez

Por Carlos julio Féliz Vidal

La muerte del Dr. Gerineldo Pérez, médico dominicano reconocido por sus aportes a la ciencia cultivada por Galeno, me mueve a recordar algunas experiencias con este noble ser humano.



De niño me atendió en la clínica Santo Tomás en una ocasión en que mi adorable Altagracia Vidal, me llevó aquejado de alguna dolencia estomacal. Con el esmero de buen profesional que levanta la historia clínica del paciente, que interroga sobre síntomas y aprecia signos para construir un cuadro que le permita el diagnostico presuntivo, el facultativo sabía que debía confirmar con analítica, lo que  ya le sugería su vasta experiencia.

Recuerdo que le dijo a mi madre que en esos momentos lo más importante era lo que arrojara la prueba de las “S” fecales, luego de lo cual hizo un paréntesis para explicarme, con otra palabra, lo que eran esas “s”.

Quedé satisfecho con el Dr. Pérez Como su paciente. Unos años después, siendo estudiante universitario, a mi entrañable madre se le internó por varios días en la Clínica Santo Tomás. Vine de Santo Domingo a pagar la cuenta, era un viernes en la tarde cuando le dieron de alta.

Fui al Centro Médico, pedí los emolumentos y me dirigí donde don Américo Melo, con quien la familia tenía una sólida relación comercial dado nuestra condición de productores de café.

Obtuve un cheque de don Américo a nombre de la Clínica del Dr. Pérez y confiado lo llevé a la administración del Centro, a los fines de saldar la deuda y llevarme a mi madre a la casa.

La joven que me atendió en administración me dijo que no podía aceptarme el cheque. Yo, imbuido por los estudios de Derecho que cursaba, le razoné que el cheque era un medio de pago, que liberaba de toda obligación, y que la clínica debía recibirlo y entregarme a mi madre.

La joven persistía en su postura, fue entonces cuando se acercó el Dr. Pérez, quien desde los pasillos contiguos estaba oyendo la discusión. Con mucha calma me preguntó, ¿Joven que le pasa?, le expliqué en breves palabras la raíz del conflicto. Acto seguido, se dirigió con mucho respeto a la joven y le preguntó que porque no me recibía el cheque, a lo que ella le contestó que él le había dicho que no le recibiera “cheques a nadie”.

Don Gerineldo, resolvió el problema de una manera singular, sin afectar el orgullo de la joven, le dijo sí, eso te dije y tienes razón, pero nunca te dije “que don Américo Melo es un nadie en esta clínica”, no un cheque, todos los que mande don Américo Melo, los podemos recibir.

Cabe recordar que don Américo Melo era una de las figuras más prominentes de la ciudad de Barahona, uno de los principales exportadores de café del país.

Las reglas tienen excepciones, poca importa lo muy general de sus términos. Las normas tienen que ser útiles y cuando dejan de serlo para resolver con justicia un caso concreto, hay que encontrar principios de equidad que permitan soluciones prudentes, este fue mi aprendizaje de la experiencia de aquel día, siempre en mi trato con las personas procuro ver si en el caso concreto se justifica o no un tratamiento diferenciado, no para quebrantar la norma sino para darle sentido.

Siendo profesional del Derecho cultivé con el Dr. Pérez unas relaciones de franca cortesía, él siempre me distinguió, tanto en los procesos en los que asumía defensa de galenos como en aquellos que debí adversarlos. He sido abogado de muchos profesionales, y sé que la abogacía como la medicina son dos profesiones donde vale más el servicio que el dinero.

Nos preparamos para ayudar a las personas a resolver sus problemas, generamos la confianza necesaria para que los demás entiendan que podemos brindarles salidas apropiadas en momentos difíciles, por esa razón los lazos de solidaridad profesional se acrecientan entre hombres y mujeres que cultivamos con dignidad distintas áreas del quehacer científico.

Mis sentimientos de solidaridad a la familia del Dr. Gerineldo Pérez y a la pléyade de amigos y amigas que ejercen la medicina que hoy lamentan la pérdida de su vida física, pero que seguirán atesorando la solidaridad que se desprendía de la hospitalidad de su recinto y de la sabiduría de sus consejos.

El autor es abogado, experto en Derecho Constitucional

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