Santo Domingo,RD.- El naufragio de una yola cerca de isla de Mona vuelve a poner sobre la mesa una práctica que, aunque nunca desapareció por completo, parecía haber perdido fuerza: las peligrosas travesías clandestinas desde República Dominicana hacia Puerto Rico.
Balance del naufragio en Mona
Esta vez, 62 personas viajaban a bordo de una embarcación improvisada. Cuarenta y nueve fueron rescatadas, tres murieron y otras diez permanecen desaparecidas, según el balance final de la Guardia Costera de Estados Unidos.
Las salidas clandestinas hacia Puerto Rico vuelven así a estar bajo la lupa tras el naufragio ocurrido esta semana en el Canal de la Mona.
El hecho evidencia que, pese a los controles marítimos y al endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses, todavía hay personas dispuestas a asumir este riesgo.
Factores sociales y redes de tráfico
Participación Ciudadana atribuye parte de este fenómeno a factores económicos y sociales, en un país donde, aunque la economía crece, según cifras oficiales, persisten diferencias en el acceso a oportunidades.
Pero el fenómeno también tiene otra cara: las redes que organizan y cobran por estos viajes. Blanco considera que las autoridades deben concentrar mayores esfuerzos en identificar a quienes operan estas travesías y las embarcaciones utilizadas.
Para el jurista Surum Hernández, el problema no radica en la falta de leyes. Asegura que el país cuenta con instrumentos para perseguir el tráfico de personas, pero cuestiona la efectividad con la que se aplican.
Hernández plantea que las investigaciones deben llegar hasta los responsables de financiar y organizar estas operaciones, y no limitarse a quienes conducen las embarcaciones.
Cuestionan la aplicación de las leyes
El nuevo Código Penal establece penas severas para quienes participan en el tráfico de personas, especialmente cuando estas operaciones terminan en muertes. Sin embargo, Hernández sostiene que, mientras las estructuras que financian y coordinan estos viajes permanezcan activas, las detenciones aisladas no terminarán con el negocio.
El nuevo naufragio vuelve a poner el foco sobre un fenómeno que no ha desaparecido. Ahora, las autoridades enfrentan dos retos: determinar qué está provocando la reanudación de estas salidas y avanzar contra las redes que continúan organizando viajes clandestinos.