martes, 23 de mayo de 2017

Ya me entraron en la lista de asaltados

Por Genris García

 SANTO DOMINGO.-La noche de este lunes me tocó a mí entrar en la interminable lista de hombres, mujeres, adolescentes y niños que han sido víctima de la delincuencia común. Esa que te arranca la vida con la misma facilidad que te arrebata de las manos un celular.

Iba en un carro del transporte público. Eran alrededor de las 9:00 de la noche.

Como es normal en la mayoría de las calles y avenidas del Gran Santo Domingo, estaban a oscura, como mi barrio que tenía 16 horas sin servicio eléctrico.

De ahí que los oficiales que recibieron mi denuncia en el Destacamento de la Ciudad del Almirante, lo hicieron en una hoja suelta y a manos. Tampoco sé si la computadora está en condiciones y si el agente sabía usarla.

Luego de la puesta en circulación de la revista “D Oro” del colega y buen amigo Luis Tejada, en el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), el compañero José Beato me encaminó hasta la avenida Las América con Sabana Larga.

Allí abordé un vehículo rotulado, pero, creo que de la ruta de la 27 de Febrero.

No encontré nada extraño, porque muchas veces los choferes van de regreso a sus casas y de paso van tomando pasajeros.

En el vehículo iba un joven en el asiento delantero y conmigo abordó una señora con una niña de unos 6 a 7 años de edad.

Al llegar al peatonal próximo a La Villa Olímpica subieron dos jóvenes y una chica.

No le puse atención. Mi defensa estaba en baja.

Cuando el vehículo llegó a dónde inicia o termina la 25 de Febrero, después de pasar el paso a desnivel de Las Américas, donde inician las avenidas La Pista de San Isidro y la Ecológica, el joven que iba en el asiento delantero pidió al chofer que lo dejara.

El área estaba oscura, así como el interior del vehículo. También el de atrás dijo que se bajaría.

De inmediato el de atrás dijo que se trataba de un asalto. Todos quedamos en silencio.

Yo viajaba justo detrás del chofer en la puerta izquierda.

Por encima de la señora y la niña el tipo me apuntaba con lo que parecía una pistola e insistía en que le entregara el celular.

“Tranquilo” le dije y de inmediato le pasé el aparato.

Intenté reaccionar, pero tenía poca movilidad y pensé en la niña y la señora que iban a mi lado.

A renglón seguido al que iba al lado del conductor lo despojaban de su celular y le exigían que entregara su cartera.

Como este se dilataba en sacar su cartera, el que me apuntaba a mi le decía al otro “dale un tiro si no quiere entregar la cartera”.

Por suerte a mí no me la pidieron porque hace muchos que no uso cartera.

En ese momento me llegaron a la cabeza miles de imágenes de víctimas de la delincuencia callejera, porque los otros salen todos los días en los medios de comunicación, pero no tienen etiqueta de asaltantes ya que operan en oficinas confortables públicas y privadas.

Estábamos en El Rosal, sí, El Rosal, en las inmediaciones de la casa del colega Juan Cruz Trifolio, a quien momentos antes entrevisté en el CDP sobre el avance de las investigaciones del tiro que se le pegó en medio de un asalto, aunque estaba sentado tranquilamente en su casa y nada tenía que ver con una señora a quien dos malandros arrancaron su cartera.

Es la misma zona donde a mi amiga Alexandra Caba a quien han virado varias veces.

“Cerca de El Rosal supongo…esta es zona apache”, escribió en su cuenta de Facebook, al tiempo que se alegraba que estuviera bien, aunque reconocía lo difícil del momento.

Me quedaba un aparato celular y desde este me comuniqué con un oficial de la Policía Nacional, quien en ese momento acompañaba al mayor  general Neivis Pérez Sánchez, director Regional Santo Domingo Oriental de esa institución.

El alto oficial se interesó en el caso y de inmediato envió al subdirector de la Dirección Central de Investigaciones Criminales (Dicrim), coronel Decena, quien inició las pesquisas de rigor

De las gestiones y trato de la Policía no me puedo quejar.

Solo le pido que si pueden los atrapen. Lo lleven a la cárcel, no por lo que me robaron, que en definitiva no es lo más importante, sino para que no sigan haciendo daño.

Que lo lleven a un lugar dónde se puedan regenerar y aprender un oficio, para que cuando salgan no vuelvan a lo mismo.

Como siempre he proclamado, con esos muchachos, no quiero “intercambios de disparos”, ya que ese método no se le aplica a los que de todos los colores roban millones y luego compran policías, jueces, periodistas y a todo aquel que se le ponga por el medio. 

El colega José Madera, de Santiago, me pidió que tengo que andar “alebrecao”.

Agradezco los comentarios de solidaridad de mis familiares, colegas y amigos externados en las redes sociales.

Sin embargo, creo que entre todos, debemos trabajar para hacer de la República Dominicana un país grande, dónde podamos caminar con la confianza de que no nos van a asaltar en la próxima esquina, dentro de la casa o en la carretera.

Vamos a terminar con la inequidad social que es la madre de muchos de esos actos de simple ratería que desvelan a los dominicanos.

Este acto, como otros que me han tocado vivir, no me van a sacar de la calle, allí seguiré haciendo mi trabajo, con el compromiso de siempre.

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