domingo, 23 de abril de 2017

El gobierno se anotó un virao y consigue sacarle el cuerpo a la presión mediática

DMS00071Benny Rodríguez
 
Esta semana fue importante para el régimen del presidente Danilo Medina, porque pudo conseguir respirar y salir del cerco mediático al que es sometido por la oposición política y grupos liberales. La oposición se frotó las manos, ya que esperaba que de Brasil viniera información que incriminaran y undieran al mandatario. 
 
Lo cierto es que el gobierno, que busca sacar el tema del debate nacional y abortar el acoso al que despiadadamente es sometido por sus adversarios logró anotarse un “virao”.
 
Tanto aumentó la moral del régimen que la marcha regional del Nordeste, que tendrá como sede a San Francisco de Macorís este domingo 23, ni la del Sur, para mayo en Azua, no parecen preocuparle ucho al gobierno.
 
No ha tenido sosiego
 
Desde la marcha convocada de manera “espontánea” el pasado enero 22, con el símbolo verde como bandera, el régimen no ha tenido sosiego, excepto ahora logrando levantarle la moral de sus seguidores y de paso reafirmar su honestidad en lo relativo al caso Odebrecht.
 
Reclamando castigo para los corruptos, cese de la impunidad, que metan a la cárcel a los que recibieron los sobornos de Odebrecht, por transparencia en el gobierno y por el cese de la impunidad, los opositores al gobierno lograron someter al régimen a sus designios, pero consiguió un portillo para sacar la nariz y resollar.
 
Los argumentos de la administración Medina que parecía fútiles, de pronto han tomado peso y la profundidad esperada, ya que fue importante para el régimen las declaraciones de la esposa y socia del publicista Joao Santana, Mónica Moura, ante el juez que lleva a cabo las investigaciones del caso La Jato, en Brasil. Confesó que las campañas electorales de República Dominicana no recibieron fondos de Odebrecht.
 
Para dar peso a su argumento y de paso poner un dique de contención a los que quieren ver caer al presidente y a su gobierno, Moura aseguró al juez Sergio Moro, que Odebrecht ni ninguna otra empresa brasileña aportó un solo real brasileño o un peso dominicano a la campaña que llevó por segunda vez a Danilo Medina al poder.
 
La cabeza del presidente
 
Joao, junto a su esposa, abandonó la campaña a poco antes de terminar, por ser requerido por la justicia de su país para que responda las imputaciones en el marco de la investigación La Jato, pero antes de irse desligó al presidente de la investigación de la que era objeto.
 
El mandatario no se lavó las manos como Pilatos y en un acto de valentía, asumió que Joao era el principal asesor, quizás sin pensar en las consecuencias, pero como experto que es dudamos mucho que no calculara los riesgos.
 
“¿Que si me puede afectar?, bueno, era un asesor importantísimo, pero la campaña sigue adelante”. Eso dijo Medina en febrero a solo tres meses para las elecciones del 20 de mayo de 2016.
 
Naturalmente, los adversarios intentaron desprestigiar las declaraciones de la esposa del publicista, porque fortalece al presidente, cuya cabeza es la que quiere la oposición y los grupos liberales.
No es para menos, ya que la última encuesta Gallup/Hoy, le da un importante posicionamiento a Medina, que sigue siendo alto si se compara al cerco mediático al que es sometido desde hace más de 90 días.
  
Con las de atrás
 
Días antes de las declaraciones de Moura al juez Moro, sacando al presidente Danilo Medina de cualquier acción directa con Odebrecht o cualquier otra empresa brasileña, los actores del gobierno lucían tranquilos como si de ante mano sabían lo que diría la mujer del publicista. 
 
Previo habían respondido a la prensa que esta semana se sabrá si el gobierno estaba implicado en los sobornos de Odebrecht, nivel de tranquilidad que se mantuvo, incluso al enterarse de las declaraciones de la señora Moura, negando cualquier implicación del régimen y del presidente, cuya reacción ha sido humilde.
 
Sin embargo, los seguidores y voceros del régimen tienen razones de sobra para reír a carcajadas y con las muelas de atrás, ya que supone una pequeña, pero importante victoria frente a los opositores que quieren que rueden cabezas, en especial la del mandatario.

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